Antes de hablar sobre los procesos migratorios en el Paraguay, es importante conceptualizar la migración y los flujos que la conforman: la emigración y la inmigración.

La migración es un proceso que está contemplado en el Derecho Internacional. La misma es un derecho humano básico, y existen una serie de tratados, reuniones y acuerdos internacionales que la contemplan. A su vez, los Estados, a un nivel interno, también están muy relacionados a la reglamentación de los flujos migratorios, por ejemplo el derecho a proteger las fronteras, a conceder la nacionalidad, a admitir y deportar extranjeros, a luchar contra la trata y el tráfico de personas y a salvaguardar la seguridad nacional.

La Emigración es el acto de salir de un Estado con el propósito de asentarse en otro. Las normas internacionales de derechos humanos establecen el derecho de toda persona de salir de cualquier país, incluido el suyo. Sólo en determinadas circunstancias, el Estado puede imponer restricciones a este derecho. Las prohibiciones de salida del país reposan, por lo general, en mandatos judiciales.

A su vez, la Inmigración es un proceso distinto, es el proceso por el cual personas no nacionales ingresan a un país con el fin de establecerse en el mismo de manera más o menos transitoria o definitiva.

MIGRACIÓN EN EL PARAGUAY.

1.
CONTEXTO ECONÓMICO, POLÍTICO Y SOCIAL.

Si bien el sistema político autoritario paraguayo que finalizó en la década de los ochenta fue un importante factor de expulsión de connacionales paraguayos, en general, los flujos emigratorios siempre tuvieron una mayor relación con factores económicos, siendo la principal causa la falta de oportunidades laborales para jóvenes paraguayos.

Asimismo, realizando una radiografía de los migrantes paraguayos, se identifica un preocupante hecho: en su mayoría está compuesta por personas jóvenes en edad de trabajar, y especialmente mujeres que habitualmente han sido históricamente excluidas en el mercado laboral. La EPH (Encuesta Permanente de Hogares) realizada en el año 2012 muestra que cerca del 60% de los emigrados registrados son mujeres: 52% en Argentina y 80% en España. En cuanto a las
edades, la mayoría se encuentra en el rango etario de 20 a 34 años (34%, entre 20 y 24 años, 18% entre 25 y 29 años).

Otro importante dato a ser destacado es el hecho de que si bien el nivel educativo de las personas que emigran es más alto que el de las que no la hacen, en el país de destino, en general, ocupan las posiciones laborales menos favorables (obreros de la construcción, los hombres; y personal doméstico, las mujeres) y en peores condiciones de trabajo (“trabajo en negro”) (OIM, 2011).

2.
LOS PROCESOS MIGRATORIOS

A lo largo de su historia, el Paraguay ha tenido una larga trayectoria en lo que respecta procesos migratorios, con momentos más intensos que otros en cuanto a movimiento de personas. No obstante, siempre ha primado la emigración sobre la inmigración. El porcentaje de paraguayos y paraguayas residentes en el exterior ha llegado a oscilar, en los últimos años, entre el 10 y 12% de su población de su población total, mientras que la población extranjera viviendo en el país se ha situado entre el 3 y el 5% de ese total (OIM, 2011).

Históricamente hablando, y muy especialmente al término de la Guerra de la Triple Alianza, conflicto bélico que enfrentó al Paraguay con el Brasil, Argentina y Uruguay, la inmigración fue instalada como una política de Estado que apuntaba a la reconstrucción total de la economía paraguaya y al repoblamiento del territorio, totalmente aniquiladas luego de la guerra.

La inmigración es incorporada como precepto en la primera Constitución Nacional de la posguerra (1870), en la que se establece: “Se fomentará la inmigración americana y europea y no podrá restringir, limitar, ni gravar con impuesto alguno la entrada en el territorio paraguayo de los extranjeros que traigan por objeto mejorar las industrias, labrar la tierra e introducir y enseñar las ciencias y las artes” (Artículo 6), agregando además el derecho de “entrar, permanecer, transitar y salir del territorio paraguayo, libres de pasaporte (Artículo 18).

Estas leyes se mantuvieron sin muchos cambios significativos a lo largo de lo que quedaba de ese siglo. Sin embargo, las leyes migratorias del siglo XX, en particular las de los años 1974 y 1996, se han caracterizado por imponer una regulación sumamente restrictiva a la obtención de la radicación temporal o permanente en el territorio nacional.

Es importante destacar que la apertura jurídica y la promoción de los flujos de inmigración en el Paraguay produjo entre fines del siglo XIX y comienzos del Siglo XX la llegada al país de algunas corrientes de inmigración europea y asiática, cuantitativamente modestas, pero que aportaron significativas contribuciones al desarrollo económico, social y territorial del país.

Colonos de nacionalidad alemana, rusa, ucraniana, polaca, entre otras de origen eslavo, se instalaron al sureste del país (Itapúa) creando asentamientos rurales que en la actualidad son importantes emporios de producción y centros urbanos.

De igual origen alemán, ruso o ucraniano fueron los primeros inmigrantes aglutinados bajo la religión menonita, quiénes se instalaron en la región Occidental del país (Chaco Central).

Asimismo, personas de origen sirio, libanés, japonés y coreano, llegadas en diferentes momentos de ese período, se establecieron en el área urbana o rural (en este último caso las de origen japonés, preeminentemente con carácter de colonos agrícolas).

Al comienzo de la década de los sesenta comenzó la entrada de inmigrantes brasileños, quienes durante las siguientes tres décadas siguientes contribuyeron a triplicar el número de personas extranjeras residentes en el país. En 1992, de 191.000 extranjeros censados, que representaban aproximadamente el 5% de la población censada ese año, más de 108.000 eran de nacionalidad brasilera. Es a partir de 1992 que la inmigración brasileña disminuye nuevamente, reduciéndose así en 47% del total de extranjeros viviendo en el país.

La última Encuesta Permanente de Hogares, de 2010, muestra una recuperación de la inmigración argentina en el país, constituyéndose esta comunidad en la más numerosa entre los extranjeros, con 80.737 argentinos. Brasil queda en el segundo lugar, con 79.428 brasileros viviendo en el país.

Por otro lado, los números de paraguayos residiendo en el extranjero no son pequeños. Según información reciente, se calcula que hay aproximadamente 790.000 paraguayos esparcidos a lo largo del mundo. El principal país de destino ha sido históricamente la Argentina, donde el censo de 2010 contabilizó más de 550.000 personas de nacionalidad paraguaya.

La migración interna es otro importante flujo migratorio que se da en el Paraguay. Entre 1997 y 2002, se evidenciaron que 262.000 personas fueron migrantes internos, según el último censo de la Dirección General de Estadísticas y Censos, realizada en 2005.

Este proceso ha jugado un papel importante en la configuración y reconfiguración del ordenamiento espacial de la población, llevando a concentrar más de dos tercios de la población paraguaya en el Área Metropolitana, conformada por Asunción y sus zonas aledañas. Este proceso de migración interna y de concentración en esta área se constituyen en el mayor aportante a los caudales emigratorios paraguayos.